jueves, 22 de febrero de 2018

LIBERTAD DE EXPRESIÓN


Debo advertiros de antemano de que, en el caso del “rapero" Valtonyc, yo, que amo la buena música, sea cual sea su género, y la poesía como máxima expresión del pensamiento, como destilado del alma expresado en palabras, me veo lleno de prejuicios intelectuales y estéticos, pero, también pare él, me creo en la obligación, no ya de defender su libertad de expresión, que es la de todos, sino de luchar para impedir que dé con sus huesos en la cárcel por haber vomitado su rabia inconsciente sobre un micrófono y en las redes.
Nadie, ni siquiera nuestro burdo protagonista debe pagar con su libertad sus excesos verbales. Debe haber, seguro que la hay. otra manera de castigar sus amenazas, no sus ofensas, que esas son cosa subjetiva que debe dirimirse civilmente, nunca con penas de cárcel, que deben reservarse para asuntos más serios. 
Sería bueno, por ejemplo, condenarle a leer poesía o a escuchar música. Ojalá fuese posible hacer que el no ya tan joven rapero mallorquín viese en imágenes, como al míster Scrooge de Dickens, a ser testigo, aunque fuese en sueños, de las barbaridades que pide para otros en sus canciones o, mejor aún, debería ser condenado a hacer trabajos sociales para la comunidad, nunca a reconcomerse tras las rejas de una celda.
Condenarle, por ejemplo, a repasar todas y cada una de las viñetas del Forges, desaparecido esta madrugada, para que aprendiese a criticar sin odio, a plantear los asuntos más serios con una lágrima o una sonrisa, nunca con esa bilis y esa rabia enfermiza e inconsciente que salpica sus torpes letras. Le condenaría a escuchar a Bach o a MC Solaar, a Beethoven o a Caetano, para que fuese consciente de que la música no es un garrote con el que abrir la cabeza del otro, sino un veneno lento que se apodera de su alma, para hacerle mejor y más sano.
Mal día el de ayer para quienes amamos la libertad de expresión sobre todas las cosas, para quienes creemos que es ella y no otro el pilar fundamental de cualquier sistema que pretenda construirse sobre la libertad, la igualdad y la solidaridad de los hombres. Mal día, porque el Supremo confirmó desde la gravedad de sus amenazantes togas la pena de cárcel para Valtonyc. Mal día, porque la galerista que colgó la instalación de Santiago Serra que incluía retratos de "los jordis" y Junqueras entre presos políticos, los retiró, una vez vendidos, claro, para no enfrentarse a la pepera IFEMA, mal día, porque casi tres años después de su publicación, un juez se atrevió a ordenar el secuestro de un libro, "Fariña", del periodista Nacho Carretero, que desmenuza la que ha sido la historia del narcotráfico en Galicia.
Un día no tan triste, porque esta sociedad adormecida en la que vivimos se despertó ayer e hizo del libro de Carretero el más vendido en Amazon y porque el gremio de libreros de Madrid se negó a retirarlo de sus estanterías. Un buen día para la libertad de expresión, porque, una vez más se ha sobrepuesto a los ataques de las sombras, revolviéndose contra lo que más que maldad es sólo estupidez, peligrosa, pero sólo estupidez.

miércoles, 21 de febrero de 2018

ESTRATEGIAS


Ma pasaba en los ochenta con HB y su entorno y mis compañeros de entonces lo recordarán: sentía verdadera fascinación, no sin cierto temor, por la alambicada estrategia y el casi perfecto aparato de propaganda que, manipulando desde el relato hasta el lenguaje, convertía, y lo hizo durante décadas, a los verdugos en víctimas. Era un prodigio de comunicación, al servicio de la extensión de un doloroso conflicto que aún hoy, con cerca de un millar de víctimas a cuestas, sigue haciendo sufrir y separando a los vascos.
No quiero decir con esto que la Kale Borroka, ese terrorismo de baja intensidad que tanto dolor causó en Euskadi, y las movilizaciones del procés sean la misma cosa, en absoluto. Lo que ocurre es que la exacerbación de los mensajes y el relato que se dan en Cataluña y se dieron en el País Vasco van por caminos paralelos. De hecho, parece como si los independentistas autoexiliados estuvieran siguiendo los pasos y aprovechando la infraestructura que dejó el aparato que asistió a aquellos huidos a Francia.
Quien más y quien menos nos sorprendimos ayer con la aparición de Anna Gabriel en Suiza. Lo hizo apenas una semana después de que el Supremo le hubiese concedido una prórroga de en su comparecencia ante el juez Llarena que debiera producirse hoy, algo nada habitual en las dictaduras a las que la dirigente de la CUP trata de asimilar a la España que no comparte sus postulados y un abuso de confianza de quien ni siquiera quiere explicar por qué se comportó como lo hizo a lo largo de los meses que duró la última legislatura del Parlament de Cataluña.
Es eso lo más curioso de todo, que la ex diputada Gabriel no está acusada de nada de momento y que quienes han comparecido en los días en que ella estaba convocada, incluida su compañera Mireia Boya, fueron puestos en libertad, todas sin fianza, salvo la dirigente de Esquerra Marta Rovira, a la que se le fijó con todas las facilidades una de 60.000 euros.
Cabría pensar que Anna Gabriel ha puesto la venda antes de la herida o que tiene tan mala conciencia de lo que hizo que espera una seria condena que no está dispuesta a asumir, algo impropio de quien se supone que hizo lo que creía que debía hacer y que, por lo tanto, está dispuesto a asumir hasta el final las consecuencias de sus actos. Sin embargo, cada vez cobra más fuerza otra explicación para su huida, la de que todo responda a una estrategia de comunicación, a una premeditada intención de extender las repercusiones del conflicto y, sobre todo, devolver al primer plano el protagonismo de su alicaído grupo, la CUP, marginado, con sólo cuatro diputados, de la aritmética parlamentaria que tan bien manejó en la pasada legislatura.
Lo que ocurre es que todo está inventado, todo se ha hecho ya alguna vez, las ruedas de prensa y la entrevistas en el exilio no son novedad. Cualquier movimiento político necesita de héroes y mártires que extiendan su mensaje y guíen a sus acólitos y la CUP no podía ser una excepción, aunque en los dos últimos meses los estaba echando en falta. Ahora, haya o no haya orden de detención, se pida o no la extradición de Anna Gabriel, lo que está garantizado es que, durante semanas, ella y la CUP van a estar bajo el foco de la actualidad, algo que, de haber declarado hoy y haber sido puesta en libertad, como parece que iba a ocurrir no estaría a su alcance.
En fin, estrategia, para seguir en el imaginario de los votantes independentistas, ahora que el brillo del procés y especialmente el de las siglas que defiende Gabriel, languidecen. Eso, de puertas adentro, de puestas afuera, pensando en la rigidez moral de los suizos, nada mejor que cambiar de imagen, dejando de lado las camisetas y el flequillo de niña mala, para convertirse en una cándida y dulce profesora universitaria. Ya lo hizo en su día Bernardette Devlin, cuando se convirtió en la imagen de los católicos de Irlanda del Norte.

martes, 20 de febrero de 2018

OTRO "SIMPA" INDEPENDENTISTA


De todo lo que he escuchado a propósito del larguísimo "procés" de independencia catalán, que sufrimos los españoles, especialmente los catalanes, sus principales víctimas. lo más sensato lo dijo hace unos días, ante los micrófonos de la Cadena SER, el diputado de Esquerra Republicana de Catalunya Joan Tardá. Lo dijo con la naturalidad que suele decir todo, sin los aspavientos de su vecino de escaño, Gabriel Rufián, y parece que, como no fue una de esas estridencias, a las que tan acostumbrados nos tienen los protagonistas de esta tragicomedia, lo que dijo pasó sin pena ni gloria a pesar de haber dado, quizá, con la clave de lo que está pasando.
Dijo Tardá que quienes, como él, llevan décadas luchando por la independencia de Cataluña, jamás hubiesen esperado tocarla con la punta de los dedos como ahora y lo dijo añadiendo que, en cierto modo, la precipitación de los acontecimientos, la concatenación de circunstancias que en él se han dado, les había sobrepasado. Yo, en mi fuero interno, agradecí la sinceridad de tan experimentado luchador, entre otras cosas, porque viene a explicarlo todo o casi todo.
Parece que hemos olvidado que no hace tanto tiempo los únicos defensores de la independencia, más allá de grupúsculos radicales, lo fueron los militantes de Esquerra, porque CiU, la coalición entre el partido creado a imagen y semejanza de Jordi Pujol y la UDC de Durán i Lleida, prefirieron siempre jugar al póker con "Madrid", gobernasen la derecha o los socialistas, para, "negocia que negociaré", vender caro su apoyo a la minoría mayoritaria de turno a cambio de concesiones y, sobre todo, del rédito electoral que suponía "poner de rodillas" al inquilino de La Moncloa. Y todo podía haber seguido siendo igual, de no ser, porque el 15-M y la precipitación en los tribunales de los escándalos de corrupción a uno y otro lado del Ebro, sacudieron como un terremoto los mapas electorales, dando protagonismo a fuerzas hasta entonces minoritarias y dejando a un personaje como Artur Mas y a su partido a los pies de los caballos de la justicia, sin otra salida que la que ya empleó con éxito Pujol, cuando acosado por el escándalo Banca Catalana, se envolvió en la bandera, poniendo en marcha la máquina del populismo sentimental y nacionalista.
Fue entonces, cuando Mas, que nunca había dado muestras de serlo, abrazó la fe independentista, convirtiéndose en el instrumento, el atajo, de los independentistas hacia su meta, haciéndose unos y otros con la mayoría, nunca absoluta, para conseguirla. es entonces cuando aparece una fuerza casi marginal, antisistema llegaron a decir, la CUP, que se ofreció para alcanzarla, a cambio, eso sí, de condiciones draconianas que incluían, la primera y principal, la renuncia de Artur Mas a presidir la Generalitat, lo que permitió salir a escena al personaje más estridente de la farsa, Carles Puigdemont.
El resto ya es Historia: la perversión del reglamento del Parlament, la aprobación, sin luz ni, mucho menos, taquígrafos, de la ley de desconexión, primero, y de la independencia después, para hacer el paripé de suspenderla después y comprometerse de inmediato en una de esas ceremonias a las que son tan dados, fuera del hemiciclo y sin opositores presentes, a volver a proclamarla por las bravas. Luego vinieron el referéndum y las torpezas del ministro del Interior y sus palmeros, el 155 y con él, la cárcel y la fuga para los dirigentes del procés, las nuevas elecciones y sus resultados calcados para los soberanistas y un desconcertante crecimiento de la derecha españolista bajo la marca Ciudadanos y, poco a poco, las disidencias entre ERC y Junts per Catalunya, construido por Puigdemont, otra vez a su imagen y semejanza y de espaldas al marginado PDCAT, mientras el president cesado y fugado a Bélgica, ganador de esas elecciones, condenaba a su pueblo al desgobierno y al 155, porque con sus excusas de mal pagador prefiere un país "patas arriba" y en declive a contemplar la posibilidad de ir a prisión, proponiendo ejercicios absurdos de política ficción que le permitirían tele gobernar Cataluña desde el napoleónico paraje de Waterloo.
Ahora, a la "tocata y fuga" se ha sumado la aguerrida Anna Gabriel, que, abusando de la confianza del Supremo, que le dio una prórroga de una semana para su declaración, se ha fugado a Suiza, paraíso anticapitalista de todos conocidos, para no afrontar sus posibles responsabilidades ante la justicia.
Puigdemont y Gabriel, los máximos animadores del procés, los catalizadores que han propiciado la explosiva reacción que nos ha traído a donde estamos, los que han pedido una ronda y otra ronda, para que no se acabara la fiesta, para que siguiese el mambo, han hecho sendos "simpas", dejando la cuenta y la factura de los destrozos a quienes no tenían su propia estrategia de defensa y, sobre todo, a la ciudadanía que, antes o después, tendrá que recoger los escombros y limpiar eso tan desagradable que dejan las resacas.

viernes, 16 de febrero de 2018

OTRA VEZ LA GOMA


Otra vez. Otra vez este gobierno que no gobierna, este gobierno que es incapaz de presentar ante el Congreso unos presupuestos que, sabe, le van a tumbar, este gobierno que cuelga de su cinturón, una tras otra, las iniciativas legislativas de la oposición, como un cazador cuelga de su cintura las piezas cobradas, este gobierno que sabe de sobras  que la corrupción le ha arrancado de cuajo la espita de los votos, este gobierno-avestruz que se esconde tras los plazos y el silencio, este gobierno, en suma, sabe que su única esperanza es agitar de nuevo los fantasmas de siempre, el separatismo, la lengua, las banderas y poco más, porque el terrorismo, de momento, ya no le llega. Por eso, de manera irresponsable a mi juicio, ahora que lo tiene casi todo perdido, tontea con el fantasma de la lengua en Cataluña.
Al menos eso es lo que dio a entender ayer, cuando confirmo estar dispuesto a estudiar la instauración del castellano como lengua vehicular en la Escuela Catalana, atendiendo a la reivindicación de SCC, Sociedad Civil Catalana, incluyendo en los impresos de matrícula una casilla en la que los padres que lo deseen soliciten que la enseñanza de sus hijos se haga en castellano.
Para ello, Rajoy debería forzar la aplicación del artículo 155, introduciendo drásticas modificaciones, para las que, parece, el famoso artículo de la Constitución no le faculta.
De sobra sabe el gobierno, lo insinuó ayer mismo, que la ley no le da para tanto, primero, porque iniciativas parecidas han caído en los tribunales y, segundo, porque gestionar no es legislar, ni siquiera modificar leyes y reglamentos. Sin embargo, el debate ya se ha abierto y precisamente eso es lo que el gobierno persigue.
En qué cabeza cabe que un partido que tiene sólo cuatro diputados de un total de 135, en el Parlamento de Cataluña, pretenda dar la vuelta por su cuenta y riesgo al calcetín de la enseñanza en Cataluña o que un gobierno en minoría, incapaz de presentar unos presupuestos para toda la nación pretenda sacudir Cataluña, atizando fuegos cada vez más en extinción, para atender una petición que, según las encuestas afecta apenas l uno por ciento de la población catalana.
La respuesta es muy sencilla: cabe en la cabeza de Rajoy que, por un lado, necesita que se hable de otras cosas, además de la corrupción y los errores de su gobierno. al tiempo que necesita reabrir el debate nacionalista, el "a por ellos", que es lo único que, en los últimos tiempos, le ha dado algo de oxígeno para sobrevivir. Un debate en el que la izquierda, especialmente el PSOE, nunca han tenido valor suficiente para afrontarlo sinceramente y con la pedagogía necesaria. Un debate, simplista y burdo, en el que el PP se sabe ganador, porque se siente ante los socialistas como el paciente del chiste que dice al dentista, cogiéndole por "los bajos", "no iremos a hacernos daño ¿verdad?"
Más aún. El PP sabe perfectamente que este debate volverá a cohesionar al nacionalismo hoy maltrecho por culpa de la intransigencia de Puigdemont, pero sabe que, cuanto más fiero parezca el enemigo en Cataluña, más sonará el "prietas las filas" a su alrededor. Lo he dicho muchas veces, unos y otros se necesitan porque se retroalimentan y, sobre todo, agitan mutuamente sus más bajos instintos. Unos y otros como los ciclistas cuando quieren avanzar más deprisa, hacen la goma tirando uno y otro del grupo, alternativamente, hasta avistar la meta. Entonces, a la vista de las elecciones, se rompe la goma y sálvese quien pueda.

jueves, 15 de febrero de 2018

PENSAR COMO SE VIVE


Recuerdo haber escuchado al expresidente uruguayo José Mujica justificar su vida humilde, con ese utilitario que tiene casi tantos años como él, esa vivienda cómoda y nada más, esa ropa que vestiría cualquier jubilado de esos que apuran el sol sentados en un banco de cualquier barrio. Fue en una entrevista reciente y lo hizo con una frase tan simple como incontestable: "Hay que vivir como se piensa, porque, si no, se acaba pensando como vive".
Parecería que estaba hablando, no de él, sino de Felipe González, acostumbrado, tras su salida de la política a la vida cómoda y sin privaciones, la vida muelle, que antes se decía, para, a renglón seguido, rodearse de algo más que comodidad, cerca del lujo, y, sobre todo de amistades poco o nada convenientes para quien se empeña en seguir siendo referente para la desamparada izquierda española.
¿Qué queda hoy de aquel hijo de vaquero, de aquel abogado sevillano que cautivó a más de una generación de españoles, que quiso, así lo creímos, que todos viviésemos como él pensaba o que, al menos, eso fue lo que creímos? Me atrevería a decir que poco o nada. Quizá la altivez y la soberbia que siempre le acompañó y le hizo perder su primer debate televisivo con Aznar, porque, como los grandes del fútbol, despreció al contrario y bajó los brazos. Esa que aún aflora en quien, allá donde va, se ve rodeado de una cohorte de serviles allegados que se encargan, más allá de garantizarle una lógica seguridad, de separarles de quienes le creyeron o admiraron,
Hace ya tiempo que González tiene poco o nada que ver con quienes durante tantos años le votamos. Su paladar ha evolucionado y ahora prefiere la adulación del poder. No del poder que se somete a las urnas cada cuatro o más años, sino la del poder heredado o conquistado desde que se controlan la opinión y las finanzas. Comenzó con Jesús de Polanco, un hombre con más sentido común y con los pies más en el suelo que sus herederos y sucesores, para seguir con la cúpula de las grandes empresas, esas que dan poltronas y sueldos casi por nada, siempre que adornes sus consejos de administración y camufles más o menos sus decisiones. También, cómo no, hizo las américas, donde conoció a su gran amigo y patrón Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, y ya se sabe que para que unos tengan mucho, muchos han tenido que perderlo casi todo.
Hoy, Felipe González que renunció en su momento a formar parte del Consejo de Estado para formar parte de consejos de administración y asesorías disfrazadas de amistad, es amante de esa vida que os decía antes, de los lujos pequeños y grandes. Comparte los gustos de sus amigos y gusta de pescar en alta mar y de amanecer en el campo, rodeado de hectáreas, no las que se han publicado, pero sí bastantes más de las que el hijo de un vaquero podría haber soñado poseer alguna vez. Gusta también de la vida tranquila, de los encuentros a uno y otro lado del mar, aunque aún no ha renunciado a, de vez en cuando, convertirse en la voz de la experiencia, en el habitante del Olimpo de la política que viene a corregir a las insolentes bases de su partido que, también de vez en cuando tienen la osadía de quejarse de su destino.
Acaba de hacerlo al declarar a una televisión que en España no hay corrupción política, sino un descuido generalizado generalizada, Curiosa reflexión de quien, probado y condenado en los tribunales, tuvo bajo su silla el primer gran caso de corrupción política cuando, a través de FILESA, las grandes empresas españolas financiaron mediante facturas falsa el arreón final de la campaña del referéndum sobre la OTAN, una vez que la AP de Fraga le dejó colgado de la brocha frente a su electorado.
Hoy González es muy distinto, entre otras cosas porque ha sucumbido a los encantos del poder real, porque ha probado las mieles de sus lujosas amistades, justo al contrario que el uruguayo José Mujica, porque ha hecho su elección, renunciando a vivir como piensa para pasar a pensar como viven él y sus amigos.

martes, 13 de febrero de 2018

LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS


Lo de la mañana de ayer en la Audiencia Nacional, con un Francisco Granados más cerca de Kiko Matamoros que de alguien que, en la Comunidad Autónoma de Madrid, pudo haberse convertido en el hombre que pudo reinar, aunque sólo fuese en la sombra, ha causado más sensación en el PP y en el resto de los partidos que en la opinión pública, para la que la capacidad de asombro ante semejantes especímenes ya no tiene límites. Lo único que quizá ha causado una cierta sorpresa es el hecho de que Granados revelase de un modo miserable lo que, probablemente, se conocía de sobras en el entorno del PP madrileño y la prensa encargada de su seguimiento.
Lo que quizá resulte más extraño es que personajes que se odian como se odian y se han odiado como parece que se odian los protagonistas de la declaración de Granados hayan compartido, no hace tanto tiempo, poder, riqueza y secretos. Lo que extraña es que un personaje tan zafio como parece que lo es Granados haya enseñado sus flancos más débiles a un tipo tan siniestro como Ignacio González, rey de los espías y los dosieres, instrumento al parecer imprescindible para sobrevivir y medrar en esa orgía de poder y otras cosas que ha sido, si es que ya no lo es, la Comunidad de Madrid.
De la catadura moral de Granados no debía haber dudas. Él fue el designado para controlar, que no presidir, la comisión que investigó o, al menos, debió investigar el Tamayazo en la Asamblea de Madrid, esa sospechosa huida de dos siniestros diputados socialistas que abrió la puerta del gobierno a Esperanza Aguirre y, con ello, puso en manos del partido el instrumento de ganar elecciones que ha sido la cada vez más evidente financiación irregular del partido.
Fue el inicio del tiempo del derroche en esas campañas electorales increíbles, tanto por su intensidad como por su creatividad, en las que, de la noche a la mañana, los andenes de las estaciones de Metro se llenaban de magníficas vallas publicitarias, en respuesta a las que acababa de estrenar su rival, el PSOE, al tiempo que la propia Comunidad echaba el resto en sesgada publicidad institucional. Algo escandaloso e indignante que, a la prensa, reo de los ingresos que suponían esas mismas campañas. no parecía llamarle la atención.
Sólo de esta manera se explican las sucesivas victorias de un personaje como la "reina de la charca" en la que, en sus horas libres, las ranas designadas por Aguirre hacían sus propios negocios a mayor gloria de su patrimonio y a costa del bienestar de los aturdidos ciudadanos que, a cambio de irrisorias rebajas de impuestos, dejaban en manos de estos personajes su futuro y el de sus hijos, apretando en su garganta el nudo mediante el que son sometidos.  
Entre tanta mierda, no encuentro otra palabra, como la que ayer vertió Francisco Granados ante el juez, la única esperanza es la de que tanta basura sirva de abono para que, como en los muladares. acabe creciendo con fuerza la esperanza de que algún día resplandecerá la verdad. Esa y la de haber escuchado en sede judicial algo tan evidente como que no hay dos pepés, uno viejo y otro nuevo, porque los dos pepés son el mismo. Quizá por ello las imágenes de Rajoy ayer le mostraban como un personaje más cerca del pasmo que de la leyenda que le precede.
La época de los gozos y las sombras ha pasado para el PP, esa vieja consigna de que las urnas acabarían por absolverles ha pasado. Hoy, nadie parece sentirse seguro y orgulloso en ese partido abierto en canal y con todas sus vergüenzas, las de alcoba incluidas, al aire.

lunes, 12 de febrero de 2018

HOY COMO AYER


Me levanto hoy un poco más aliviado del maldito catarro que me persigue desde hace semanas y esa buena sensación ir escapando poco a poco a esa tos compulsiva de cada mañana se suma, para arruinarla, la imagen que me asalta desde la radio, la imagen de una Barcelona, orgullosa hasta hace poco de sí misma aquella, que siguiendo la consigna del añorado alcalde Maragall, se puso guapa y se puso guapa para todos, sembrada ahora de barracones en solares ahora vacíos, barracones unos encima de otros, en los que el ayuntamiento más ilusionante de los últimos años tiene previsto alojar a las familias que esperan una vivienda de alquiler social, porque la ciudad destino de millones de turistas es incapaz de devolver a sus vecinos toda esa riqueza que presuntamente deberían crear los arrastra dores de maletas, capaces de pagar por un espacio miserable que, sumado a otros iguales o parecidos, expulsando así a los vecinos "de toda la vida", los que dan vida y color a barrios y ciudades, incapaces de competir con el turista de fin de semana.
Puede que quienes apuestan por esta solución, de cuya buena voluntad no dudo, pretendan evitar que la ciudad se quede sin gente "de verdad", que se convierta en un mero decorado fiestas y borracheras, pero hacer lo que pretenden conlleva graves peligros. El primero el del desarraigo, el exilio interior, que supone vivir en una "cajita", sobre la colina o no, provisional siempre, sin historia y sin futuro.
Yo las he visto. Tengo suficientes años para ello, frías, desangeladas, húmedas, ardientes en verano y, sobre todo, sin el más mínimo calor de hogar, como almacenes para ciudadanos de segunda clase, sin la más mínima esperanza de poder salir del agujero, nidos de miseria y enfermedad que, en absoluto, restituyen, como pretenden, lo que, por justicia social, les corresponde.
Lo malo es que esto que sucede hoy en Barcelona y, al paso que vamos, acabará volviendo a pasar en Madrid, no parece preocupar a quienes nos gobiernan o pretenden gobernar. Lo peor de todo es que tampoco parece preocupar a quienes, sin saberlo, son o pueden acabar siendo carne de barracón, sin bienestar, sin futuro, exhortados a ahorrar para pagarse lo que el Estado les debe, las pensiones, la educación de sus hijos o la sanidad de todos, por los mismos que se han comido su queso y sus ahorros, para enterrarlos en cualquier paraíso fiscal.
Hoy publica EL PAÍS una encuesta que da la victoria a Ciudadanos en unas próximas elecciones, un panorama terrible que a mí me recuerda a aquel Aznar de su primera victoria, con sus garras liberales, con sus fauces escondidas tras aquel bigote, con su pelo engominado de vampiro de sainete, dispuesto a saltar sobre muestro futuro para saciarse con él y entregar después la presa a sus amigos ultraliberales, los de los fondos buitres y las guerras.
Por más que me cuenten cuentos, no soy capaz de ver en Ciuddanos otra cosa. Pocas veces se ha mojado y, cuando lo ha hecho, se ha puesto siempre del lado, si no del PP, sí de sus padrinos, mucho más cerca de los intereses de la banca que de toda esa gente que, ciega está dispuesta a votarles. De momento ya se ha hecho con amistades interesantes. Por ejemplo, ese diario EL PAÍS, con la SER incluida, "cada vez más ciudadanizados", como dijo ayer Miquel Iceta, para quienes no cabe la menor crítica a Rivera, el nuevo Aznar, o los suyos. Ya son sus amigos y les va a sacar partido, el mismo que esos y otros medios sacarán de una administración que considerarán un poco suya y que, luego, a pesar de la decepción, ayudarán a sostener.
De ahí mi depresión, porque, ahora con Internet, con televisión a la carta, con fútbol a todas horas y una aparente libertad de expresión siempre vigilada, las cosas vuelven a ser hoy como ayer.